Vilhem


Hace un tiempo, en un país llamado Dinamarca, había un director de museo que no sabía qué hacer con los numerosos cuadros de un pintor danés que habían sido donados a la institución. No le gustaban, eran una representación de todo lo que ya no era el arte. No eran modernos, olían a rancio, tenía que sacárselos de encima cuanto antes.
Decidió venderlos por una cantidad ridícula.
Ese pintor era Vilhem Hammershøi.
Pese a que no es del todo conocido, ahora mismo es considerado uno de los mejores pintores que Dinamarca ha tenido, sus cuadros están distribuidos por museos y colecciones privadas del todo el mundo y su cotización es altísima. Vamos, que valen una pasta.
Bien, ahora, si un visitante va a Dinamarca y pretende contemplar parte de la obra de este famoso pintor danés, lo único que conseguirá será posarse ante un par de pinturas de tercera o cuarta categoría…
Hay que tener la cabeza un poco nublada para no ver la genialidad en la pintura de Hammershøi.
Yo tuve la suerte de poder ver sus cuadros en una exposición de la Hamburger Kunsthalle hace ya mucho tiempo. La misma que pasó por  Londres, París o Nueva York.
Como muy bien lo definen los críticos, Hammershøi es el puente que une la obra de Caspar David Friedich con la pintura de Hopper. Y, casualmente, son dos de mis pintores favoritos. Bueno,  al ser también los de mi madre, supongo que me los habrá imbuido, para qué engañarnos.
Ando detrás del catálogo de la exposición, intentaré pasarme un día por la librería del Orsay para ver si lo tienen en venta.
¿Y todo esto a qué venía? Ah, sí, a la segunda parte del artículo.

Una frase muy habitual cuando la gente habla sobre el arte contemporáneo es esta: “Bah, pero si eso lo hace hasta un niño con un pincel”.
Y derivados. Quedémonos con esa idea: el arte moderno es una estafa.
Pero, ¿lo es? ¿Realmente?
¿Por qué unos pintores triunfan y otros no? ¿Por qué unos artistas consiguen la inmortalidad y otros no?  ¿Quién establece el filtro?
Pues depende de la distancia con la que miremos.
Al principio es fácil. Solo hay que tener buenos contactos, ser bueno en la promoción o tener a alguien que lo haga por ti.
Son los demás los que te hacen famoso, por tanto, a corto plazo, basta con tener éxito social para destacar sobre el resto.
Pero luego te mueres, los críticos que te encumbran también van muriendo, tus círculos sociales se deshacen, tu obra te sobrevive un rato.
A medida que pasa el tiempo, solo los que realmente tienen brillo perduran. ¿Cuántos pintores había hace 400 años? ¿A cuántos recordamos?
O sea, que existe un primer filtro basado en la promoción, al que hay que acceder primero para conquistar la gloria. Es un filtro que pocos autores se han conseguido saltar. Sí, está bien, los cuadros de Van Gogh acabaron forrando la pared de un gallinero, pero son casos excepcionales y suelen ser fluctuaciones entre el momento de promoción y la vida del autor.
Es la genialidad, la verdadera maestría quien establece el último filtro. Eso y el tiempo, claro. Van juntitos de la mano.
¿Y quién hace de filtro actualmente? El mercado del arte. Dinero, industria y gente que influye en los comportamientos. Da igual si hay calidad o no, todo se basa en la opinión de ciertos gurús.
Es lógico que alguien sin mucha formación en historia del arte acabe pensando que todo el arte contemporáneo es una gran estafa. Y es lógico, porque lo que hace es confundir arte con mercado.
Pero el tiempo está ahí, disimulando, y no es nada tolerante con los caraduras. ¿Cómo era? El tiempo pone a todos en su sitio.
Y sí, la obra de Hammershøi, tuvo la mala suerte de entrar de lleno en un cambio de actitud en la forma y en el fondo. Empezó bien, acabó mal, casi se pierde, pero por fortuna ha sobrevivido a la modernidad.
Os recomiendo que no dejéis pasar la oportunidad de contemplar la obra de este danés. Por desgracia está muy distribuida, pero gracias a internet se encuentra al alcance de la mano (eso sí en jpg y pequeñito no es lo mismo)
Hay un documental de la BBC (yo me lo he bajado con el torrent)sobre este pintor hecho por Michael Palin. No es que sea increíble, pero se puede ver.
El arte actual no es una estafa, es arte sin filtro. Te pude gustar o no, pero ha salido de la cabeza de alguien y eso es siempre interesante.
Vale que La Meninas de Velázquez y el Blanco sobre blanco de Malevich no se pueden comparar, pero en su esencia, son iguales.

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