Masas

Siempre he creído que los alemanes y las multitudes no son compatibles. Mis experiencias en Alemania en situaciones masificadas siempre han sido un tanto agobiantes.
Será por una percepción más individualista del mundo, pero el alemán medio es incapaz de reaccionar bien cuando se encuentra dentro de una gran masa. Tanto que les gusta organizar, son capaces de levantar a medio restaurante para sacar tres plazas más en una mesa grande, y luego cuando se juntan más de diez, no saben qué hacer.
El ejemplo claro se encuentra saliendo por los bares de Hamburgo. Abres la puerta y te encuentras un muro humano que impide la entrada. Hay tanta gente que es imposible hacerse un hueco sin empujar. Yo veo eso y no entro, me voy a otro sitio, un alemán no solo entra a empujones, sino que llega a la barra y se pide una cerveza.
Todavía recuerdo lo realmente mal que lo pasé en el cumpleaños del puerto, la gran fiesta de Hamburgo, en la cual toda la ciudad se va a los muelles a beber y a bailar. Nos dirigimos a una de las zonas, y, a medio camino, se nos hizo imposible seguir avanzando por la gran cantidad de personas que había. Cuando decidimos dar la vuelta y salir de allí, fue imposible, detrás de nosotros teníamos una marea de rubitos achicharrados al sol que empujaban con fuerza para acceder al recinto; era como luchar contra una fuerza descomunal. No se podía entrar, y, sin embargo, la gente seguía y seguía intentando acceder, cada uno a su ritmo, sin respetar la lenta marcha de la procesión. Al final pudimos salir por un lateral, moviendo unos barriles.
No soy muy amigo de las multitudes, pero, desde luego, si es en Alemania, no voy ni aunque me paguen. 😀

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